Civilización o barbarie, una historia de pasiones divididas

En “El dilema argentino: civilización o barbarie”, la ensayista Maristella Svampa examina los avatares y transformaciones que la dicotomía sarmientina ha experimentado a lo largo de la historia argentina, a la vez que da cuenta de las dificultades que amenazaron la consolidación de una tradición democrática en el país. 

 Durante más de un siglo, la historia nacional ha estado signada por discordias y antagonismos -unitarios y federales; capital e interior; peronismo y antiperonismo; pueblo y oligarquía-, aunque ninguno tan preponderante como el enunciado por Domingo Faustino Sarmiento desde su exilio en 1845. 

 La fórmula “civilización o barbarie” supo, como ninguna otra, sintetizar las dicotomías anteriores, así como inaugurar un nuevo período en el cual fue puesta al servicio de la legitimación de un nuevo orden, según desarrolla la socióloga Svampa en su obra “El dilema argentino”, recién editada por el sello Taurus. 

 ”Una de las cuestiones que me interesaba explorar era la persistencia y reaparición de la imagen sarmientina, los nuevos sentidos que iba adquiriendo en el campo político y cultural argentino, al calor de los diferentes conflictos y avatares históricos. Por otro lado, hablar de civilización o barbarie significaba preguntarse cómo la sociedad argentina había pensado y representado sus divisiones”, destacó. 

 ¿Cómo se convierte en antinomia fundante y qué activa en el imaginario político argentino para que a partir de entonces la mayoría de los procesos sean leídos bajo esa estructura? “A mediados del siglo XIX, y a diferencia de otras antinomias, civilización o barbarie tuvo la capacidad de cumplir una doble función: la imagen vehiculizaba tanto una fórmula de combate como la puesta en marcha de un proceso histórico de cambio”, explicó Svampa. 

 ”Como fórmula de la división, civilización o barbarie remite a la historia del país, al combate entre dos fuerzas, dos principios, lucha que finalmente desemboca en la eliminación de las montoneras rebeldes y de los indígenas del sur argentino. La dicotomía sintetiza así la conjunción entre el orden y el 

 ”Pero por encima de los cambios y reelaboraciones posteriores, la dicotomía sarmientina va a proporcionar una matriz, en un marco de inteligibilidad global a partir de la cual podrá leerse la historia argentina como la lucha perpetua entre dos principios irreconciliables”, indicó la investigadora. 

 La obra de Svampa fue publicada originalmente en 1994 pero al poco tiempo se agotó. En su versión actualizada retoma el cierre anterior -que postulaba la desaparición de la dicotomía a partir del progresivo vaciamiento de los dos polos de la imagen- pero incluye un posfacio que habilita nuevas lecturas. 

 ”Sigo sosteniendo el final del uso de la imagen sarmientina como marco explicativo mayor de la historia argentina. Pero, al mismo tiempo, me detengo más en explicar el porqué de la ausencia de la dicotomía a partir del colapso de la tradición política autoritaria después de la dictadura, así como de la crisis y vaciamiento de la tradición nacional-popular durante los 90″, indicó. 

 ”En segundo lugar, me ocupo de mostrar la reactualización de la imagen de la barbarie, como mecanismo de descalificación política o de demonización del adversario, a través de la construcción de la figura de las clases peligrosas, asociadas a las organizaciones de desocupados. Allí hago referencia a la campaña antipiquetera llevada a cabo entre 2003 y 2005″, agregó. 

 Svampa detecta en su trabajo cinco grandes tradiciones políticas que han retomado el concepto de “civilización o barbarie” y las articula en una secuencia que permite ver como cada una de ellas llenó de contenidos propios esa dicotomía partiendo de la relectura de la tradición antecesora. 

 ”La manera en que cada tradición política se apropia y recrea la imagen tiene que ver con las luchas y conflictos de la época. Hay momentos fuertes, de inflexión política, que implican giros, reposicionamientos, relecturas y hasta inversión de contenidos. Luego de 1880, la imagen sarmientina sufre diferentes modificaciones. 

 ”Así, bajo la Argentina del Centenario, vemos surgir un ‘primer nacionalismo’, de carácter anti-inmigrante, el que cínicamente, a través de la pluma de Lepoldo Lugones, rescata el gaucho (ya vencido y domesticado) como núcleo identitario nacional”, expresó. 

 ”Por otro lado, el uso de la figura de la barbarie que hace la tradición conservadora y gran parte de la izquierda, asociándola a la democracia plebeya y la dictadura de las masas, tiene como escenario el ascenso de Yrigoyen, y más tarde la irrupción del peronismo en la política”, analizó.

 ”Los años 30 y el llamado ‘fraude patriótico’ son el contexto del surgimiento del revisionismo histórico, que lleva a cabo una inversión de la figura sarmientina, valorizando la barbarie y denostando la “falsa” civilización”, indicó. 

 ”De esta lectura se nutre luego la tradición nacional-popular, que vincula la barbarie a la idea de un sujeto histórico, el Pueblo-Nación, en lucha contra una oligarquía perversa. Un esquema binario que a su vez reaparece potenciado en el revisionismo de izquierda de los años 70″, dijo. 

 La historia argentina está atravesada por una ciclotimia asombrosa: coexisten por momentos la idea de un destino fatal con la de un futuro formidable y cargado de expectativas (simbolizado en consignas como “Argentina potencia” o “Argentina Primer Mundo”)

 ¿Cuánto afecta al desarrollo de la idea de país esa ligereza para pensar los procesos históricos? 

 ”Los esquemas binarios impulsan la desmesura, la exacerbación puesta en uno u otro polo. Por eso no es raro que pueda pasarse rápidamente de la consigna hiperbólica de “Argentina Primer Mundo” a aquella otra de carácter autodenigratorio que dice que ‘la mejor salida es Ezeiza’”, aseguró la autora de “La sociedad excluyente”. 

 ”Estas representaciones binarias, estas fórmulas dicotómicas -de éxito o de fracaso- dificultan la posibilidad de procesar la historia; nos instalan en una visión cortoplacista que muestra la incapacidad de pensar los procesos históricos en un marco de más largo aliento, a no ser que éste sea pensado bajo la forma de la repetición y el fracaso continuo”, concluyó Svampa. 

Por Julieta Grosso para Agencia Télam